jueves, 28 de mayo de 2009

Los Angeles Confidential


Hace muy poco hemos retomado con renovada virulencia el tan traído y llevado asunto de las fotocopias y su incidencia en el mercado de Juegos de Rol. Adjetivos como ilegal, inmoral, ladrones, o términos como robo, han surgido para amenizar el cotarro, y me apetecía tocarlo hoy.

Mi primera gran sorpresa aparece al constatar que hasta hace bien poco este pormenor no tenía la importancia que al parecer se le atribuye ahora, y ocurre que hasta 1996 disponíamos de una legislación que permitía hacer cualquier cosa con una obra, las fotocopiadoras otro tanto, y encima era tremendamente barato (situación inversa a lo ocurrido con los CDs)… y entonces no había, ni se hablaba, de lesión alguna para la producción de Juegos de Rol. A partir de esa fecha contamos con una Ley de la Propiedad Intelectual (1/1996 de 12 de abril) de las más avanzadas del mundo, muy protectora del autor, que ha originado la casi total imposibilidad de hacer copias en los locales dedicados a ello, con un encarecimiento considerable del material resultante. Pero ahora sí, ahora parece que la cosa lleva mucho peligro.

La ley (disponible en Internet), en su Título III (Duración, límites y salvaguardia de otras disposiciones legales), Capítulo 1º (Duración), Artículo 31 (Reproducción sin autorización) dice: «1. Las obras ya divulgadas podrán reproducirse sin autorización del autor y sin perjuicio en lo pertinente, de lo dispuesto en el artículo 34 de esta Ley, en los siguientes casos (el segundo es el que nos interesa): 2.º Para uso privado del copista, sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 25 y 99.a) de esta Ley, y siempre que la copia no sea objeto de utilización colectiva ni lucrativa.»

Y en el Artículo 40 bis (Disposición común a todas las del presente capítulo) dice: «Los artículos del presente capítulo no podrán interpretarse de manera tal que permitan su aplicación de forma que causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor o que vayan en detrimento de la explotación normal de las obras a que se refieran.»

Es decir, que hacer fotocopias para uso particular no es ilícito. Otro cantar es cuando se hace una fotocopia o reproducción que se pone a disposición de una colectividad (clubes, redes de aficionados, Internet, etc.), o por la que se saca un rendimiento lucrativo del tipo que sea (publicidad, dinero, etc.), sin contar con el correspondiente permiso escrito, en cuyo caso existiría un delito. Porque explotación es la palabra clave, y no lo digo yo (no llego a tanto), sino que me lo ha explicado quien sí sabe de ello, mi abogado —que en esto de la defensa de los derechos de uno hay que contar con auténticos especialistas—.

La cosa parece que va de penalizar el abuso. Esto quiere decir que la L.P.I. contempla la posibilidad de que alguien fotocopie o reproduzca para su uso personal, siempre y cuando quede demostrado que no se trata de obtener ventaja de ningún tipo con ello. Ni el propietario del libro ni el copista (si son personas diferentes o si son la misma, porque la L.P.I no hace distinción entre ambos) pueden utilizar la copia colectiva o lucrativamente, porque la Ley trata de amparar los derechos del autor frente a una corriente que genere beneficio colectivo (redes) o lucrativo (alquiler o venta) que quede fuera de su esfera de influencia (derecho moral y derecho legal sobre la obra).

Para evitar los abusos, precisamente, en la mayoría (por no decir totalidad) de fotocopisterías se avisa de que si haces una fotocopia de un libro, la haces bajo tu estricta responsabilidad (serías el copista), porque ellos no deben hacerlo (si lo hicieran sacarían beneficio económico por ello). C.E.D.R.O. (Centro Español de Derechos Reprográficos), la entidad española que vela por el cumplimiento de estas cosas, nos aclara este aspecto en su web (www.cedro.org) al publicitar varias sentencias firmes de las que tomo sólo un ejemplo:

«En la sentencia se rechaza que esta práctica se pueda enmarcar en el ámbito de la copia privada, que permite reproducir sin autorización del autor las obras ya divulgadas para uso privado del copista y siempre que la reproducción no sea objeto de utilización colectiva ni lucrativa», y añade que: [...] es evidente que aún en el caso de que la obtención de copias de una obra impresa por encargo del cliente se hiciera contando con que fueran para su uso particular, la norma citada (por la copia privada) ampararía la actuación de dicho cliente, pero no la llevada a cabo por el acusado en el desarrollo de una actividad empresarial —como no puede ser de otro modo— por la obtención de un beneficio económico [...}»

Como quiera que todavía no hay nadie que te ofrece por la calle las últimas novedades de JdRs en formato fotocopiado dispuestas sobre una manta o alfombra; o que en el interior de una tienda ningún librero te pone sobre el mostrador el libro editado por tal o cual editorial, y una copia mucho más barata (con los cartuchos de tinta ocurre), creo que no podemos hablar de industria paralela o ilegal de reproducción de libros de rol, mucho menos de competencia firme.

Bien es cierto que existen lugares (Internet) donde ocurre que se ponen a disposición del público obras, o partes de obras, en versión PDF, al parecer no consentidas (si las copias no cuentan con el correspondiente consentimiento, serían ilegales), porque de serlo tampoco habría nada malo en ello. Lo que sí me parece que es necesario hacer es concienciar al aficionado de que una actitud permisiva o relajada es contraproducente para todos, pero desde luego que no podemos decir nunca que el consumidor de este tipo de productos esté cometiendo un delito; puede estar contribuyendo al asentamiento de una forma delictiva de hacer, pero no es un delincuente.

Así las cosas, deberíamos admitir que algunos comentarios vertidos con motivo de la discusión se sacaron de sus límites razonables, en particular aquellos que trataban de machacar al fotocopiador (extensivo al consumidor de PDFs) por el hecho de serlo, dado que la ley y su aplicación judicial parecen ser bastante claras al respecto.

Sobre el supuesto robo me gustaría decir que si la Ley no contempla la actividad particular como tal, no hay más que hablar salvo en el aspecto moral del asunto, y ahora viene la madre del cordero, porque en lo referente a lo inmoral del tema, la cosa adquiere ribetes complicados de analizar. Todos sabemos que un banco puede embargar el piso de un parado que no puede pagar la hipoteca, haciendo uso de la legalidad, pero no nos parece muy moral que digamos. Es decir, que lo legal y lo inmoral no tienen por qué significar lo mismo. En cuanto al valor de inmoralidad como colaboradores que se trataba de atribuir a los fotocopiadores, habría que hilar muy fino, porque puestos así se nos haría necesario atender a todas las formas en que un consumidor puede colaborar en un acto ilegal y convertirse por tanto en un colaborador y un inmoral sin ser consciente de ello.

Por ejemplo, en un saldo de libros que no dispone de la pertinente aprobación editorial (ilegal por tanto) el material puede llegar a manos del consumidor que lo compra sin que éste tenga conocimiento. Su actitud beneficia al delincuente (sea librero o distribuidor) y perjudica al editor, pero tacharle de inmoral o colaborador me parece un poco excesivo.

Un libro puede haber sido confeccionado sin contar con los correspondientes contratos y saltándose a la torera los derechos de los autores que intervienen. Comprarlo no nos convierte en delincuentes, ni en colaboradores de delincuentes (el editor sí lo sería), y desde luego que tampoco en ladrones o en inmorales.

Un libro puede contar con los correspondientes contratos, pero que se incumplen en determinados aspectos por desconocimiento o por mala fe del editor. Sinceramente no creo que comprarlo nos convierta en nada extraordinario como consumidores. Y es que en esto de los contratos no es lo mismo disponer de todos los Derechos de Explotación (Reproducción, Transformación y Traslado), que sólo disponer del de Reproducción.

En el caso de las traducciones, la obra final suele contemplarse desde la óptica de la Reproducción, pero no es así. La traducción del texto es una Transformación (origina una obra diferente), pero si la cesión de los derechos sobre las imágenes no contemplan la Transformación, cualquier paso a blanco y negro de una imagen a color sería ilegal, así como cualquier eliminación frente al original. Si una imagen compuesta para un libro aparece en otro, estaríamos ante el ejercicio de un Traslado, y si no cuenta con el pertinente consentimiento del autor, sería ilegal. Otro tanto con una imagen interior que pasa a ser portada sin consentimiento. Lo relativo a Tranformaciones y Traslados aparece contemplado en nuestra L.P.I. (Artículos 17 y 21), y por lo tanto quedan protegidos por ella.

Un libro que en su traducción aparece con diferente formato (en dos o tres volúmenes, o con diferente tamaño, o que cambia la maquetación interior, partes del texto, imágenes, etc...), debe contar con todos los Derechos de Explotación si quiere salir a la calle de forma legal; pero saber esto no está al alcance del consumidor (parece mentira, pero hay muchos editores que también lo desconocen, y no me refiero al mundo del rol sino al de la edición general), y por lo tanto su compra no le convierte en nada, porque lo cierto es que damos por sentado, siempre, que todo el mundo cumple lo exigido por la Ley, o trata de cumplirlo, y en esa confianza consumimos.

Hablaba más arriba de concienciar, y eso es lo más positivo de este asunto, porque poco a poco nos vamos concienciando de lo que llevamos entre manos, y eso es siempre bueno. Tenemos que ser conscientes de lo que consumimos, y sus repercusiones legales y morales, y si no lo tenemos claro lo mejor que podemos hacer es dejar de comprar o fotocopiar si queremos ir por la vida de morales. Pero no me parece conveniente que anatemicemos al primero que pasa cuando encima está haciendo algo legal.

Hoy por hoy no creo que las fotocopias que realizan algunos aficionados lesionen los intereses del mercado. Soy tremendamente sincero en este aspecto. Por un lado entiendo que cuando el material no está disponible (por agotamiento de producto, por problemas de distribución o por insuficiente producción frente a la demanda) el aficionado tire de fotocopiar el manual del compañero para jugar o leer. También conozco a alguno que se gasta lo que no tiene en fotocopiar por el sólo hecho de hacerlo, pero creo que son muy pocos con respecto al consumidor responsable que prefiere comprar el original y dejarse de zarandajas.

Si hacemos extensivo lo que ocurre en otros ámbitos, estoy con los que opinan que la fotocopia favorece ahora el asentamiento de la actividad y que en cierto modo puede ayudar a lanzarla al ampliar el mercado objetivo, aunque prefiero ser precavido y proclamar abiertamente que hay que tener mucho cuidado con ello, que las fotocopias también las carga el diablo.

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº69, en la sección El Chupacabras, con fecha 7 de octubre de 2002.