martes, 26 de mayo de 2009

A por la medalla de bronce


Creo que era Sigmund Freud quien decía que hay dos formas de sentir calor en una cama, una es permanecer bien abrigado en ella con la ayuda de suficientes mantas o una estufa, la otra es sacar la pierna por debajo de la única manta a nuestra disposición en una habitación sin estufa, para sentir el frío exterior, volviéndola a meter dentro para notar momentáneamente calor mientras decidimos repetir la operación. La primera supone una situación plena de bienestar, la segunda, una de bienestar puntual. Freud hablaba de emociones y ya las distinguía como satisfechas e insatisfechas. Las emociones satisfechas ofrecen estabilidad emocional, las insatisfechas sólo producen quebraderos de cabeza, nunca mejor dicho. Buscar la satisfacción plena exige tener clara la necesidad que la origina, en el caso descrito sería tener conciencia de que hace un frío de mil demonios y optar por encender la estufa y coger las mantas para evitarlo, o conformarse sin estufa y con una sola manta y prepararse para aguantar como se pueda.

De tanto en tanto sigo leyendo que se vende de una forma razonable, que las expectativas son muy buenas y que el producto rolero no es que sea caro sino que los hay más caros… Bueno, no voy a llevar la contraria a nadie, sólo quiero aportar mi pequeño granito de arena a esto de alcanzar una perspectiva que permita ver las cosas mejor, no sé, al final lo mismo cambio de engranaje y me pongo a dar saltos de alegría.

Ante el consumo de material rolero he advertido en todo este tiempo dos actitudes bien claras: la pasiva, que se ocupa de disfrutar de lo que se le ofrece y no pretende otra cosa; y la comprometida, que a la postre trata de analizar lo que sucede y saca conclusiones y todo eso, mientras consume tratando de crearse una opinión formada. Nada que decir al respecto. Mi experiencia y la de algunos colegas y amigos a los que he pedido opinión, me dice que la actitud comprometida siempre surge después de la actitud pasiva o puramente consumista, y que rara vez ocurre lo contrario. Primero se compra y luego se comienza a valorar, a comparar, a indagar y a intentar aportar algo desde una opinión fundamentada. Los pasivos que fueron comprometidos siguen comprometidos pero desde el otro lado: pasando, pero con opinión formada. Todos mis respetos.

Dicho lo cual, podemos dar un margen de tres años para que un inicialmente pasivo se convierta en un comprometido con opinión propia, o decida ser pasivo el resto de sus días (si queréis le damos dos años, pero creo sinceramente que en dos años no da tiempo material para cotejar todo lo que hay, así que si me lo permitís prefiero el margen de tres años, que aunque exiguo me parece válido y oportuno).

Cada uno de nosotros somos un mundo aparte, y extrapolar márgenes de edades para adquirir compromisos serios u opiniones formadas como consumidores, es harto arriesgado, pero lo voy a hacer. Digamos por tanto que un aficionado a los Juegos de Rol puede adquirir un rango de compromiso y opinión formada alrededor de los 17-20 años (espero un buen margen de confianza por vuestra parte), momento en que la experiencia adquirida puede ser madurada convenientemente y dispone de los mecanismos suficientes como para que su opinión sea realmente válida.

A quien tiene ahora esa edad, lo que yo puedo contar no le va a servir ni para pipas, la verdad es que puede serle totalmente indescifrable; lo asumo plenamente, no hay problema, en serio. Llegaron a esto de Rol cuando la denominada época dorada había tocado a su fin, y si bien han podido experimentar los productos que se produjeron en aquel entonces, los han visto desde una perspectiva diametralmente diferente a los que los consumieron cuando salieron.

Para los que se mueven ahora alrededor de los 25 (año más, año menos), la cosa puede empezar a sonarles, y desde mi esquema podemos admitir que sólo tiene valor para el periodo posterior al 96-97 (momento de la gran crisis en la que jamás creí), es decir que vivieron los estertores de la época dorada y asistieron en primera persona al alumbramiento de lo que ahora se denomina época plateada, con su gran repunte de 1999.

Los que tienen alrededor de 30 años, o más, pueden entenderme, aunque puedan estar en contra de lo que digo o tener diferentes perspectivas sobre lo mismo. Han experimentado todos los periodos, todos vimos el despegue inicial del rol español durante el periodo 92-94, su caída en el 95-97, y el movimiento que siguió después.

¿Y qué importancia tiene esto de las edades? Creo que la tiene, como espero que podáis ver.

Después de la crisis, desaparecieron bastantes tiendas que han sido sustituidas por nuevas, y según los que saben de esto, la edad de los nuevos libreros ronda más los 25 que los 30 (los dependientes parece que rondan más los 20 que los 25). Es decir, que una buena parte de nuestro tejido minorista se compone por gente que sólo ha catado la segunda época descrita aquí, y sólo maneja referencias de la anterior.

En las listas de correo que nos agrupan tenemos un esquema de edades parecido (la mayoría se crearon después de 1998), y desde luego los más habladores se cierran en banda alrededor de los 25, lo que me lleva de nuevo a concretar que sólo tienen una experiencia de la historia del rol en España circunscrita al periodo posterior al 95-96, y que hablan de la anterior sólo por referencias.

Dicho esto, tengo que afirmar que para el grueso de la afición, el bebedero de donde sacar información sobre lo que se mueve o no se mueve, sobre las formas y maneras, sobre lo bueno o lo malo, es mayoritariamente un grupo de barbudos con opinión formada que recién acaban de estrenar barba, cuando no son simples barbilampiños. Y lo digo con el más absoluto de los respetos.

Entre 1996 y 1998 ocurrieron pocas cosas en la edición de juegos españoles. Bueno, ocurrieron pocas cosas buenas, porque habían desaparecido ya muchas editoriales, y parecía que no había capacidad de sustitución. Entre 1997 y 1998 la cosa fue todavía peor…

No me extraña entonces, que los que han vivido esta historia con los ojos abiertos desde el 96, y que se han forjado como aficionados comprometidos a partir de ahí, perciban la cosa del rol español como un auténtico despegue a partir de 1999 (yo también lo haría), y que por tanto estén plenamente convencidos de que vivimos ahora una época plateada (si yo estuviera en este caso también pensaría igual, tengo que admitirlo).

Lo mismo que he comentado vale para los que acaban de llegar: ven que tenemos una industria nacional que más o menos aguanta (a pesar de ser reciente) y que se defiende bien porque nadie va a vender como el D&D, y creen que esto está bien porque no hay referentes con qué comparar.

Para evitar precisamente estas apreciaciones temporales que pueden parecer demasiado subjetivas y radicales, dije hace bastante tiempo que convendría que se hiciera, desde los que pueden hacerlo, un repaso de actos y actitudes de todos los periodos pasados. Sería una buena forma de enmarcar la situación actual, de darle un contenido histórico, que como ya advertía está a nuestra disposición sin que nadie se haya molestado en repasarlo, y por esto mismo comentaba que seguimos apalancados en la amnesia más o menos colectiva.

La amnesia no es buena, pero no se puede luchar contra ella callando. Ahora bien, creo sinceramente que hay que correr algunos riesgos y tomarnos la molestia de empezar a romper la barrera que nos separa de unos hechos que ocurrieron y que son nuestros, y más cuando a la luz de esos hechos la actualidad puede parecer otra cosa. Os asombraríais de ver cómo algunas actitudes que surgieron antes de 1995 (previo a la crisis) y que se impusieron alrededor de aquel año, se repiten con nombres diferentes; cómo algunas políticas editoriales que se resquebrajaban en aquel entonces se resquebrajan ahora de igual modo; o cómo ya se tiraban balones fuera de la misma manera que se tiran ahora.

Ya dije que nada parece haber cambiado. Si mantenemos la amnesia, por miedo o por falta de ganas, los hechos actuales seguirán siendo un bonito caldo de cultivo de más amnesia, hasta que alguien decida romper la rutina o todos nos vayamos al carajo, porque no seremos capaces de reaccionar, como no se reaccionó en el momento adecuado.

Puestos a ser optimistas al uso, cerrando los ojos y tirando para adelante sin mirar dónde se pisa, puede que una vez repartidas las medallas de oro y plata, lo que estemos haciendo es competir por la medalla de bronce. El tiempo nos lo habrá de decir, desde luego, pero creo que no merece la pena correr ese riesgo. Sinceramente.

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº67, con fecha 23 de septiembre de 2002.