viernes, 28 de agosto de 2009

¡Que viene caperucita feroz!


En el cuento de nunca acabar en que se ha convertido la historia de los dimes y diretes atribuibles (con razón o sin ella) a este humilde servidor que ahora os escribe, y a sus opiniones, faltaba la relativa a nuestros medios de comunicación, nuestras revistas, las revistas de nuestro sector.

Es cierto que tenía intención de abordar este asunto, y que a tal fin tenía previstos una serie de artículos basados en un amplio trabajo de campo sobre nuestras revistas impresas y sobre nuestras revistas informáticas (los boletines semanales o periódicos), por aquello de desgranar, desde mi punto de vista, como siempre, los cambios sufridos, las nuevas alternativas, su incidencia, y por supuesto, su implicación en nuestro mercado y lo que en él acontece.

Esfuerzo inútil y enriquecedor, la verdad, porque me quedo con el enorme caudal de esfuerzo que he notado en casi todas las publicaciones que he mirado, pero tengo que admitir que tiro la toalla ante el esfuerzo que se me viene encima porque me he quedado sin palabras y lleno de sonrojo propio y ajeno, ante la aparición del último número de Dosdediez.

Vale, ya está este con lo de siempre… Quietos parados, que estamos hablando de una revista que se anuncia como Guía bimestral de juegos de rol y en la que no aparece ni una miserable referencia no ya a mi empresa (no la pido), sino a Ediciones Sombra o Libros Ucronía, editoriales que sabemos todos están haciendo un esfuerzo continuado y encomiable por anunciar sus proyectos en un intento por hacerlos asequibles, que han presentado muestras de ello en los últimos meses y de los que me consta, al menos en el caso de Sombra, que una novedad inminente ya está en imprenta, y sin mencionar cualquier otro proyecto editorial que ni sé si existe.

¿Olvido? Voy a ser tremendamente sincero y espero que valoréis este aspecto, porque también voy a ser tremendamente directo. ¿Puede una revista que se anuncia como Guía bimestral de juegos de rol olvidar el esfuerzo que ha realizado Sombra por concretar su CEP o su Comandos, o Ucronía su Reflejos? Me temo que no, salvo que medie un interés particular y particularizante más propio de la propaganda que de la información, y a las pruebas ubicadas en el interior de la revista me remito.

La Dosdediez actual no es sino la constatación de un hecho que ya venía siendo público y notorio desde hace muchos años: su capacidad para manipular conscientemente la información que vertía en el interior de sus páginas. Cabe entonces recordar que no basta con clamar un respeto por la independencia que se dice tener, hay que dar muestras de ello. Pasados ya los tiempos en que se tildaba de loco a Françesc Matas por afirmar esto que ahora afirmo, incluso aquellos en que abiertamente se proclamaba la intención de independencia desde su interior, fueron llegando los editoriales en primera persona que nos ayudaban a reflexionar o a pensar desde el punto de vista unívoco de la editorial que los publicaba, macerando el contexto y haciéndolo propicio, en una suerte de malversación de contenido informativo que no ha tenido igual en la historia de la prensa especializada y escrita, de este nuestro país y de esta nuestra afición o negocio.

Desde este baluarte tan largamente construido, Dosdediez pasó a convertirse en atalaya visionaria de una forma polarizada de entender el rol, impregnando, poco a poco, la forma de sentir y criticar el rol de casi una generación completa…

No voy a entrar a valorar los aspectos negativos que sobre una población activa (en este caso la rolera, tan pequeña ella) puede tener una Guía bimestral de juegos de rol que se anuncia como tal y que sirve a la política y estructura comercial de una sola empresa. Tampoco puedo valorar los aspectos positivos, pues yacen amontonados alrededor del número 6 de su primera época y por tanto en el interior del baúl de los recuerdos. Quiero hablar de información y de la necesidad que tenemos todos de estar convenientemente informados, de nuestro derecho a la información y de la necesidad de que la información servida sea veraz, porque habría bastado que en portada de esta revista apareciera una simple referencia a que Dosdediez es la Guía bimestral de juegos de rol, de La Factoría de Ideas para que mi cabreo, y el de otros, no tuviera mayor importancia ni relevancia.

Como buen órgano de propaganda, la información que contiene sirve únicamente a la editorial que la edita. Malversa los hechos o los olvida, y de esta forma cualquiera que lee el editorial puede llegar a pensar que Alatriste (Devir Iberia) se suma a la propuesta iniciada y abanderada por La Factoría de Ideas por acercar el rol a un público distante y distanciado, vete a saber tú por qué causa, fíjate.

Orquestada la patraña y leyendo la sección de noticias, cualquiera diría lo mismo: más de dos tercios de la información es relativa a La Factoría de Ideas, hay varios olvidos importantes, como ya he dicho, y lo que queda se pierde entre el ruido de fondo sin que nadie vaya a misa. Alkaendra y Astiberri de relleno, puya psuedointeligente para Caja de Pandora (ni siquiera la llaman por su actual nombre), Edge se salva por pelos y Devir rubrica, inteligentemente, lo ya dicho en el editorial de marras: «Dejando atrás estas novedades, Devir nos anuncia la próxima aparición del juego de rol de El Capitán Alatriste, basado en la conocida serie de libros de Arturo Pérez Reverte, habiendo realizado esta labor titánica Ricard Ibáñez.»

Vamos a ver, señores, que no somos idiotas, que El Capitán Alatriste supone un hito real y reconocible para la paupérrima situación del rol español que estamos viviendo; que Ricard Ibáñez ha realizado una labor titánica, es cierto, pero adaptando al rol el mundo literario ofrecido en sus libros por el Sr. Pérez Reverte; que Devir, empresa traductora, ha hecho una apuesta arriesgada por la creación española y con un proyecto de campanillas, que además ha probado entre clubes y aficionados el juego, recogiendo recomendaciones y tratando de incorporarlas al libro, y que se publicó antes que El Señor de los Anillos, llegando antes a las librerías, acercando antes al público este mundo tan perverso y maltratado como es el del rol.

«Romper el cerco es algo muy complicado y pasa, por supuesto, por los siguientes factores: —Normalizar la imagen que tiene el rol en la actualidad mediante campañas de opinión y publicitarias. —Atraer al público natural de nuestros juegos: la audiencia entre 10 y 40 años. Estos son algunos de los retos a los que debemos enfrentarnos industria y aficionados.»
[Editorial de Dosdediez nº3, Febrero de 1998]

¿Qué ha hecho La Factoría en todo este tiempo sino decirnos lo que deberíamos hacer los demás y arrogándose los méritos de lo logrado?, porque ya tenemos claro lo que ha hecho Devir, o lo que llevan tiempo haciendo Sombra o Ucronía, pero no gracias a Dosdediez.

La diferencia entre «No hay duda de que la novedad de estas navidades…» para el juego de Decipher y con el que se da inicio al editorial, y el «… va a apostar estas navidades…» en referencia al juego de Devir, duele, porque suena a lo que es: trucaje del lenguaje con ánimo de modelar la opinión.

El comentario en las noticias referentes a La Factoría de Ideas de: «¿Hay algo más?... Sí, el genial Señor de los Anillos de Decipher traducido al Castellano (la mayúscula es del texto original) muy pronto, ¡¡¡no os lo perdáis!!!» (las exclamaciones reiteradas y el punto final también son del texto original), y el silencio sobre el enorme y meritorio trabajo de Sombra o Ucronía, duele, porque suena a desinformación tendenciosa con ánimo de modelar la opinión.

¿Y por qué cuento todo esto si ni me va ni me viene?

Porque soy la caperucita feroz y paranoica de un cuento que nos contaron mal y estaba lleno de erratas que nunca tuvieron segunda intención, y ya iba siendo hora de pedir una información veraz a la que tenemos perfecto derecho, como colectivo, y que al que no pueda o sepa darla, decirle que aclare las cosas o deje su sitio a otros, que ya nos hace buena falta.

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº76, en la sección El Chupacabras, con fecha 2 de diciembre de 2002.