jueves, 17 de septiembre de 2009

Pluralismo, independencia, y la madre del cordero


Puede que peque de ingenuo pero voy a afirmar que la razón para que a veces gastemos tantas líneas intentando explicarnos es que utilizamos un léxico que más que aclarar lo que tratamos de decir, ayuda precisamente a todo lo contrario —Dios me libre de pensar que alguien en su sano juicio trate de hacernos comulgar con rueda de molino tomando como basamento el uso y abuso de nuestra lengua—, y lo digo porque a colación de mi penúltima intervención (¡Que viene Caperucita feroz!, sí, el de la 2D10) he recibido algunos correos en los que dos términos: pluralismo e independencia, se convierten en sinónimos sin que me parezca que hay correlación alguna entre ambos, ni por asomo; y lo que es peor, en base a tamaño puré contra natura de conceptos, la citada terminología permite a dos de mis amables lectores tacharme abiertamente de alineado con otra oferta informativa y a saber con qué ocultas intenciones... ¡Ay, las consabidas intenciones ocultas! qué le vamos a hacer.

No voy a negar que puedo estar alineado, y que se me verá más oreja de la que trato de enseñar, pero a eso lo llamaba yo afinidad hasta que ha surgido lo del alineamiento. No conocí la revista Troll, pero me gustó mucho la vieja Líder hasta que dejó de gustarme; también comenté el otro día que Dosdediez me pareció una muy buena apuesta hasta el número 6, y que luego también dejó de gustarme. Portal y Sire no me llegan a encantar pero creo que cumplen perfectamente con lo que se le puede pedir al tipo de revista que hacen sus redactores y para el público al que van destinadas. RPG Magazine"está muy en la onda de lo que creo que se le puede pedir a una revista general, pero me parece precipitado analizarla todavía, lleva muy poco tiempo en el mercado y me merece la pena dejarla rodar todavía un poco más antes de criticarla en profundidad. Sobre las llamadas ezines o erevistas, TFT y Fiade me satisfacen…

Vale, no soy la persona adecuada —rara vez lo soy—, ni para enmendarle la plana a nadie ni para decirle cómo debe hablar o escribir. Pero es que normalmente, en esto de la cosa crítica y un poco afilada de escribir todas las semanas, intentando aportar algo o sorprender otro tanto, me remito a lo que el sentido común, mi sentido común, me indica sobre este y otros aspectos, y siempre desde mi punto de vista: parcial y subjetivo, como buen punto de vista. Tampoco me las voy a dar ahora de tipo estrecho con estas cosas del lenguaje porque para explicarme me puedo retrotraer hasta el amanecer de mis días, y con razón luego me vienen aquellos a los que mis historias trasnochadas les suenan a chocolate espeso y tampoco me parece plan comenzar hoy corriendo ese riesgo. A estas alturas casi todos estáis avisados sobre lo que soy capaz cuando ando dándole a las teclas, así que os ahorro unas líneas.

Sin embargo, tengo que admitir que creo a pie juntillas que independencia y pluralismo son palabras que significan dos cosas bien diferentes, sin necesidad de recurrir al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Antes de que me saquéis los cascabeles, tengo que avisar que no dispongo de la vigésima segunda edición, sino que gasto una un poco más antigua —bastante más antigua, vale— que reposa en una estantería de mi casa, siendo el diccionario que utilizo en el estudio un vulgar Pequeño Espasa que le regaló a mi suegra el BBVA en alguno de sus juntas generales de accionistas. Pues nada, que ni con este apaño de diccionario la cosa cambiaría ni tan siquiera un poco: independencia y pluralismo siguen siendo dos conceptos bien diferentes y bien diferenciados, y cada vez me sorprende más que haya quien los equivoque.

Ser independiente significa, ni más ni menos, no tener dependencia, no ser dependiente, aquí y en Lima (Perú). Una revista o una publicación periódica puede afirmar que es independiente con pleno derecho. Bien, las muestras de periodismo independiente son muy numerosas, pues en el ánimo periodístico (profesional o aficionado) el que más o el que menos trata de decirnos que es independiente para que sus opiniones, críticas o razonamientos, se entiendan como exclusivos, propios, vamos, que nadie le obliga a decir lo que dice. Sobre este particular no pienso que puedan caber dudas, porque alguien que dice lo que piensa sin ir al dictado es plenamente independiente, yo al menos así lo considero aunque haya independencias que no me gusten un pelo.

Con el término pluralismo (de plural), el periodismo trata de reafirmar una apertura de miras, su capacidad para estar abierto a todo cuanto acontece a su alrededor y su intención de plasmarlo. El pluralismo también se demuestra, como la independencia, y también tenemos numerosas muestras y ejemplos de publicaciones periódicas que muestran este talante abierto al acoger en sus páginas incluso artículos y opiniones contrarias a su línea editorial.

La linea editorial (los supuestos editoriales, el programa informativo del medio de comunicación, o sus intereses reales), rubricará o contradirá el talante independiente de la publicación, o su pluralismo informativo, y aquí, como en todo, me cabe hacer una reflexión cautelosa, porque si bien es cierto que una cosa es decir lo que se es y otra bien distinta es demostrarlo, la verdad es que hay que tamizar mucho, atendiendo, también, al contexto en el que debemos valorar la independencia y el pluralismo informativo sujeto a análisis, porque ese contexto es el que nos permitirá ver las causas posibles para que en un momento determinado la revista o publicación periódica haya podido desviarse, o se desvíe, de sus propios presupuestos, porque como buena norma también ésta está sujeta a excepciones.

A lo que voy. ¿Puede una revista general de rol, editada por una compañía de rol, ser independiente? La pregunta se las trae, pero como no quiero dejar de mojarme en este asunto, como he hecho en otros, la voy a contestar sin tapujos: puede, formalmente creo que puede, es más, creo que debe, y pretendo razonar mi postura.

A diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos en los que consumo e información coinciden, donde las empresas construyen proyectos editoriales de marca y dejan la información general en manos de grupos independientes a ellas, en el caso de nuestro mercado, y en ausencia de auténticos grupos informativos independientes, son las casas editoriales las que abordan la información general, lo que origina una marea de sospechas a su alrededor que muchas veces no tienen ningún fundamento.

A mi modo de ver, cuando una empresa que edita rol aborda la publicación de una revista general sobre rol, suelen hacerlo para favorecer un cauce publicitario que tiene una doble vertiente, porque de no ser así abordaría la creación de un medio dependiente (revista de marca); en caso contrario tengo que decir que simplemente trataría de engañar o manipular el mercado por medio de su publicación. La primera de las vertientes a las que me refería la supone el impacto de imagen que genera el salto ejecutado (pasar de editar libros a hacer una revista especializada, general o de sector; el prestigio que da este paso origina una suerte de ascenso en el escalafón editorial, lo que a su vez permite rentabilizar mejor el esfuerzo editorial en todo su conjunto porque la afición valora enormemente este esfuerzo). La otra vertiente a la que aludía es la reducción de costos publicitarios al permitir albergar en la revista aquellos anuncios que insertados en otras supondrían un coste adicional bastante importante.

Como rápidamente se puede ver, al menos eso espero, el interés por editar una revista general tiene suficientes beneficios como para que la editorial que la hace no tenga necesidad de meter mano en la línea editorial y, por tanto, razonablemente podemos decir que le es posible mantenerse al margen, permitiendo honestamente su independencia, porque del buen trato que dé a su publicación resultará un aumento del peso específico de la editorial en el conjunto del colectivo al que sirve e informa, en base a un mayor prestigio y al mayor impacto que logrará la publicidad que lleva en su interior. Básicamente es una pescadilla que se muerde la cola.

Sí, bien, pero ya sabemos lo que pasa con estas cosas… Pues sí, también, ya sabemos lo que ocurre cuando un editor se ve tentado a meter mano en la línea editorial para sacar un supuesto mayor rendimiento al producto informativo que edita, y espero que quede claro lo contraproducente que resulta, porque de esta actuación resulta una dilapidación estúpida de su prestigio y una merma importante en su capacidad de hacer publicidad. Personalmente pienso que es de idiotas tomar este camino, porque una publicación independiente favorece (y mucho) a su empresa editora, y cuanto más independiente es, más la beneficia, lo que me lleva a reiterar lo que ya he dicho más arriba: que se puede hacer una revista independiente desde una editorial de rol, y que creo que se debe hacer porque el servicio informativo al colectivo al que va dirigida se devuelve multiplicado en beneficios formales y económicos para ella.

¿Podemos valorar la cantidad de independencia de una publicación general? Pues qué queréis que os diga. Pienso que es demasiado arriesgado hacerlo; en nuestro particular estado de cosas, lo cierto es que los equipos de trabajo suelen estar formados por colaboradores cercanos a las editoriales (sería ilógico pensar que pudiera ser de otra manera) y esto puede lastrar ligeramente el cometido independiente, es cierto, aunque sea simplemente por cercanía y afinidad; ahora bien, esta situación en modo alguno impediría que haya un auténtico talante de independencia en el equipo o que la editorial que edita la revista realmente preserve su independencia y que ambas cosas puedan quedar plena y abiertamente palpables (siempre que los hechos no nos digan lo contrario).

En nuestras críticas a las revistas sobre su independencia estamos ante una cuestión de gustos: nos gusta la independencia que ha logrado un proyecto informativo o no nos satisface. No hay mucho que decir salvo que conviene huir de las presunciones, y sobre todo de aquellas que nos impiden ver que lo que sí puede ser posible realmente lo sea. ¿Y el pluralismo? Bueno, del pluralismo, o cómo entiende cada uno el pluralismo, decir que éste descansa directamente en lo que la revista entiende por tal en su línea editorial y lo que el redactor o redactores entienden por abertura de miras, y ante esto tampoco hay mucho que decir salvo que resulten gustos u opiniones.

Personalmente pienso que si bien hay —y ha habido— un interés en la pluralidad de nuestras revistas de información general, a mí me gustaría que hubiera aún más porque considero que cuanta más haya mejor nos irá a todos (creo recordar que en mi primera contribución al TFT ya mencionaba este aspecto). Lo que no quita, en modo alguno, para que independencia y pluralismo sigan siendo dos cosas bien distintas, y que en ningún caso el equívoco (directo o comparativo) pueda servir de excusa para amparar actitudes de independencia y pluralismo que sirven a intereses bien concretos.

En mis opiniones me creo independiente y procuro ser plural, pero por si acaso no lo consigo siempre firmo con mi nombre y apellido; así, si hay quejas, al menos sabéis a quien reclamarle integridad, porque ya he dicho al principio que admito tener mis afinidades como todo hijo de vecino.

Artículo de opinión publicado en The Freak Times nº78, en la sección El Chupacabras, con fecha 29 de diciembre de 2002.