miércoles, 25 de noviembre de 2009

Dos pájaros de un tiro


La actual situación del rol en España no es tan particular ni tan específica como pretende hacerse ver, forma parte de un problema mayor que aqueja a todos y cada uno de los componentes de eso tan difuso que denominamos cultura. Y al igual que ocurre en otros ámbitos (cine, literatura, etcétera) existe una razón que si bien no tiene visos de solucionarse a corto plazo, como desearíamos algunos, sí que merece un momento de reflexión.

Lo bueno del colonialismo cultural es que acaba por hacer estragos sin que apenas se note. Lo malo de ser un agente mal colonizado es que corres el riesgo de que nadie te haga puñetero caso porque sencillamente no se te entiende.

Para abrir boca ahí va una anécdota (cosas de tener bastantes años, perdonad). Corría el año 95 y yo andaba ilustrando un libro para una conocida editorial madrileña que además iba a encargarse de la traducción al castellano, catalán, euskera y gallego de una buena parte del material que la multinacional Disney producía para los niños (lo siento, pero llamar infantil a eso es como tratar de idiota a un crío, y es que son pequeños, pero no gilipuertas, así que paso). Durante una comida de trabajo (con gente importante de la editorial y eso) se abrió un pequeño debate sobre la pertinencia de aplicar en el mercado español el cambio de nombre a Aladino (nuestro Aladino, el de siempre, el de Alí Babá y los 40 ladrones) sustituyéndolo por el globalizado Aladdín...

Bueno, si no lo sabéis os lo cuento: hoy, a Aladino no lo conoce ni su padre porque pocos críos saben de la existencia del cuento Alí Babá y los 40 ladrones. Hoy, apenas cuatro chavales saben que el auténtico creador de Pinochio fue un tipo que se apellidaba Collodi; o que el que creó a Peter Pan se apellidaba Barry; o que al feo Cuasimodo y a su amada Esmeralda los parió Víctor Hugo... Hoy, todo ese caudal de originalidad que en su día tenía padre o madre, es Disney Original, y todos tan panchos.

Traigo aquí lo de Disney y os he contado mi pequeña anécdota (la agitada vida que llevo me permite tener muchas más) porque es un ejemplo que me sirve para explicar que a eso aparentemente tan inocuo que nos ocurre todos los días sin que nos demos cuenta, se le llama colonización cultural (debería escribir COLONIZACIÓN CULTURAL), porque hubo (hay siempre) alguien que decide que lo artificial debe suplantar a lo natural borrando todo rastro de respeto.

Si la colonización cultural es mala (venga de donde venga, y la imponga quien la imponga, no me voy a poner remilgoso con el asunto de la procedencia), en el caso del mundillo de los juegos de rol adquiere tintes de genocidio (cultural), que en España, además, desprende un marcado tufillo a sainete, o sea, que es como para ponerse a mear y no echar gota.

Como he dicho más arriba, lo malo de ser un agente mal colonizado es que corres el riesgo de que nadie te haga caso porque sencillamente no te comprenden, y por ello me gustaría que quedara claro y se entendiera que estoy denunciando, por desoladora, la situación en que se desenvuelve nuestra actividad: triste y pobre de cojones, en referentes y contenidos; desrraigada, desposeída, cautiva de lo que producen otros... absolutamente colonizada —qué queréis que opine si me lleno de sonrojo cuando asisto a una discusión acalorada sobre plagio (nada más y nada menos) suscitada por el tema Underworld y su secuela (La Universal juntó a las dos estirpes en la década de los 60 y no pasó absolutamente nada). Qué queréis que diga si me hierve la sangre cada vez que algún aficionado se refiere a la auténtica esencia de un vampiro cuando denosta una aventura que hicimos y que bebía directamente del mito original (sí, el planteado por John W. Polidori y Bram Stoker), y a colación me sale con alguna chuminada transgénica confeccionada alrededor del parto literario de Anne Rice y trasplantada a nuestro acerbo popular gracias al cine y a la inestimable contribución de White Wolf. Qué queréis que saque como conclusión si cuando menos me lo espero cualquier gilipuertas me pregunta si Mutantes en la Sombra ha copiado a Vampire...—.

Si lo bueno del colonialismo cultural es que acaba por hacer estragos sin que apenas se note (como un supositorio de glicerina), hay que reconocer que en lo que a los Juegos de Rol se refiere, hace bastante tiempo que estamos totalmente anestesiados; y si he dicho que en España el asunto desprende un marcado tufillo a sainete, que es como para ponerse a mear y no echar gota (lo digo como lo siento), es porque hemos alcanzado esta situación tirando la toalla como unos pardillos, dejándonos aleccionar por los mamporreros de turno, los adalides de la claridad que machacaron en su día la capacidad nativa comparándola con la foránea, para llenarse la boca, a renglón seguido, con peticiones de estudios sociológicos, de más cultura rolera, de más carne en el asador por parte de los sectores involucrados, y por supuesto, reclamando más esfuerzo creativo...

¿Por qué he titulado este artículo Dos pájaros de un tiro?, pues porque la colonización cultural (como cualquier otra) sólo va de pelas, de euros, de money, de matar dos pájaros del mismo tiro, porque devaluando cualquier intento de independencia se consigue un doble propósito: eliminar la molesta competencia y que parezca que lo bueno siempre lo hacen otros... y eso, amigos, es lo único que cuenta, que sigamos comprando lo que hacen otros. ¡Nos ha jodido!

Un enorme saludo para todos.

Artículo de opinión publicado en OcioJoven, con fecha 13 de febrero de 2006. La ilustración de cabecera corresponde al soberbio trabajo que hizo Roberto Innocenti sobre la obra de Carlo Collodi, que ha publicado de forma cuidadísima la editorial Kalandraka.