martes, 26 de octubre de 2010

Carta abierta a «Perro Malo»


Hola, Perro Malo. Perdona que recurra a ti de esta forma, pero es que llego tarde para enviarte esta carta como Dios —Dios quiera que exista— manda.

El caso es que haciendo uso de mis atribuciones como editor desclasificado, recurro al único canal abierto para que mis preocupaciones lleguen a vuestros oídos con la antelación suficiente, porque tras la lectura del editorial del número 7 me han asaltado serios temores, y terribles dudas.

¿Qué es eso de que «no sabemos si podemos bajar más el precio, sin bajar la calidad y contenidos que tiene ahora, por supuesto»? Y tanto que por supuesto, porque a mí las cuentas no me salen: básicamente habéis reducido a la mitad la revista y cobráis casi la mitad (no voy a ser rácano con las dos páginas que faltan y los 5 céntimos sobrantes, que sé lo que cuesta editar como lo hacéis), así que esta advertencia preliminar me suena a mensaje del gobierno cuando nos quiere vender una de sus famosas reformas, o nos dice que «enseñar religión con cargo al erario público» va a ser bueno para que los niños comprendan una buena cantidad de obras de la pinacoteca de El Prado, y te lo digo con todos los respetos.

Como bien entenderás, esta parte del editorial no me ha causado mayores trastornos; la que me ha puesto los pelos de punta ha sido la parte que dice: «Para el próximo número os informaremos de nuestros nuevos planes para intentar hacer que esta revista alcance una difusión sin precedentes.» 

¡Jodó petaca!, y yo que pensaba que la cultura es siempre una cosa minoritaria, que lo bueno siempre se vende en cantidades pequeñas, como las esencias...

Nada, que la pela es la pela y lo comprendo: pero una de dos, o vais a ceder al imperio de la publicidad (ojo, que no creo que sea demasiado malo), o vais a tirar vuestra militancia por el retrete; pero en ambos casos me sentiré profundamente defraudado.

Vale que deposité muchas esperanzas en vuestro trabajo, que número a número os he ido siguiendo, y que a pesar de estar un poco cansado de que al final siempre estemos en lo mismo —discusión eterna sobre si lo mejor para nuestro mercado es dejarnos colonizar de forma hard (D&D), o soft (Sistema Narrativo), fundamentalmente y con algunas pinceladas de otras modalidades de colonización, pero siempre sin profundizar en por qué coño estamos tan colonizados—, sigo admitiendo que de momento sois lo mejor que se ha hecho en este puñetero país.

Recuerdo el primer editorial (RPG nº1), aquel que mencionaba que no disponemos de cultura (rolera, se entiende). También recuerdo los rejones que desde vuestras páginas se han lanzado contra aquellos que se miran el ombligo o se rasgan las vestiduras ante los ataques e incomprensiones de la generalidad, con razones bien argumentadas (y que suscribo en su mayoría) sobre lo pequeño de nuestro mercado y producción, y la poca incidencia que nuestro universo marginal tiene en el mundo real.

Somos un mundo pequeño, Perro Malo, demasiado pequeño, absolutamente marginal, donde las cosas deben ser vistas desde la correcta perspectiva para evitar correr el riesgo de caer en grandilocuencias tontorronas. Si el mercado es pequeño y marginal, los editores somos pequeños y marginales, y no grandes magnates. Si el mercado es pequeño y marginal no caben estrellas, sino militantes con ganas de compartir su trabajo desigual, y de paso sacar algunas pelillas extra con que complementar el dinero que llega siempre de otros sitios. Si el mercado es pequeño y marginal, las revistas, de minúsculas tiradas, nunca dejarán de ser fancines cojonudamente editados (para ser fancines, se entiende), y tendrán una repercusión pequeña y marginal, como el mercado al que sirven.

Así las cosas, me parece que hacer cultura sólo es posible con argumentos de peso, con calidad superior a lo que el precio de portada marca, y sobre todo con mucha militancia; ¡ah!, y cobrando algo, que el gratis total suele sonar a gato encerrado.

Un abrazo

Jose Tellaetxe (Ludotecnia)


Opinión publicada en el antiguo portal Enrolados, con fecha 14 de Julio de 2003.

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