sábado, 27 de noviembre de 2010

El temible burlón


El noble arte de nadar y guardar la ropa es demasiado antiguo como para dedicarle unas líneas con la intención de aportar algo nuevo. No ocurre lo mismo con el arte de respirar bajo el agua, tan noble y viejo como el otro, pero mucho menos trillado.

Ya lo hemos olvidado, seguro, pero este bullicio virtual en que no movemos a diario apenas existía hace un puñado de años. Yo agradezco el actual panorama, qué queréis que os diga, tanto que me he permitido asumir el papel de narrador de mis propias historias en unos cuantos lugares, pero lo cierto es que nuestro mundillo ha adolecido siempre de una lamentable carencia de cauces de comunicación, auténticamente solventes e independientes, que permitieran el natural trasvase de información entre aficionados y editoriales que ayuda en la actualidad a que otros sectores crezcan como la espuma de una cerveza bien servida.

Comentaba más arriba que hay muy poca letra escrita sobre cómo sobrevivir donde literalmente no se puede, y el asunto de haber terminado de transcribir las cuatro contribuciones que hice en nombre de Ludotecnia para el antiguo portal EnRolados, con la intención de contar allí nuestra versión de la verdad o simplemente nuestra opinión sobre algunos sucesos sin necesidad de pasar por el filtro de los usos en voga, me ha animado a recordar que la mayoría de revistas generalistas de nuestro sector han terminado sus respectivas vidas asfixiadas por los intereses de las editoriales que las alentaban, y contradiciendo, para colmo, las buenas intenciones con que se estrenaron.

Tampoco me toméis a mal que pase de puntillas sobre la valoración que me merece tamaña pérdida, porque hoy trato de enfocar las cosas sobre los riesgos que corremos en un escenario actual que parece asegurar la pluralidad, pero que en el fondo es tan delicado y frágil como el que vivimos no hace tanto, porque bajo mi humilde punto de vista son las personas, y no los medios, las que sufren las tentaciones de arrimar el ascua a su particular sardina aprovechando el aura que les otorga saberse leídas o escuchadas por una masa considerable de aficionados.

Dicho esto, me gustaría soñar que desde 2003 hemos crecido también en esto, que estamos en buenas manos, que hay mucho más sentido de la responsabilidad que el que se tuvo cuando se permitió que las propuestas generalistas y supuestamente plurales derivaran hacia un miserable pasapalabra que fue justificado posteriormente como inevitable, o asumido como tal desde las pocas luces de quien errando creyó que estuvo escribiendo una página de culto en la insignificante historia de los JdR de nuestro país. 

Y lo menciono porque la pluralidad es una actitud y no una herramienta, porque no me gustaría que el feliz panorama que estamos viviendo terminara como los piratas de la imagen que abre esta entrada, y porque aunque existen lugares como aquel EnRolados que nos abrió sus puertas para que pudiésemos hablar casi como en casa, tampoco me gustaría tener que recurrir a ellos.

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